Sur de Francia

Sur de Francia

Los que me seguís por Instagram sabréis que he estado fuera unos días recorriendo el sur de Francia. Los que no me seguís, ¿A qué esperáis?

Pues bien, aunque normalmente os hablo de restaurantes de Barcelona y alrededores, hoy haré una excepción porque creo que merece mucho la pena perderse por el país vecino y disfrutar de sus ciudades, sus vinos y su exquisita gastronomía. En total he estado 5 días y lo he hecho todo en coche sin conducir nunca mucho más de 3 horas seguidas, así que es una muy buena opción para realizar un viaje sólo, en pareja o con algún amigo. El resumen de la ruta que he hecho es el siguiente:
Barcelona – Montpellier – Niza –Mónaco – Saint Tropez – Nîmes – Colliure – Barcelona
Para que os hagáis una idea del coste del viaje, los gastos han sido los siguientes:
–          Coche (Gasolina + Peajes + parkings) = 250 €
–          Hoteles (4 Noches habitación doble desayuno incluido) = 400 €
–          Restaurantes (promedio por persona y comida en restaurante) = 38 € (*)
–          Otros = 150 € (copas de vino, cervezas y cafés en terrazas básicamente).
(*) Sabéis que me gusta darme homenajes, así que estoy hablando de restaurantes que me parecían buenos, sin tener mucha idea y haciendo más caso del que me gusta a Tripadvisor, sin estarme de pedir nada que me apeteciera y con mínimo dos copas de vino por persona.
Es solo una referencia. Evidentemente, en función de lo que te gastes comiendo y bebiendo o de la calidad de los hoteles que elijas puedes aumentar o disminuir el coste para ajustarlo a tu presupuesto y a tu manera de disfrutar de los viajes.
Pues vale!! Empezemos!!
Montpellier
Sin duda una grata sorpresa. Estuve en el hotel Ulyse Montpellier Center. El edificio por fuera se ve un poco viejo y la zona no parece la mejor, pero las habitaciones son muy correctas con baños reformados con todas las comodidades. El servicio de recepción es encantador. Cuando llegas te dan un mapa de la ciudad y te explican todo lo que hay que ver. Además el hotel tiene parking propio cerrado por 14 €/ día y está a 3 minutos andando del centro histórico.

En la ciudad hay que ver básicamente dos zonas, el casco antiguo y el barrio de Antigone. Cuando llegué dejé las maletas y me fui directamente a comer porque era ya la una y no quería comer cualquier cosa. A 5 minutos del hotel está el parque de l’Esplanade, que bajando a mano derecha tiene varios restaurantes con terraza en el parque donde comer al sol, así que me decidí por uno de ellos. Sin que destacara especialmente la calidad de la comida, comer en un parque bajo el sol de primavera fue un gustazo.

 

Al final del parque está la “place de la comédie”, que es la plaza más famosa de la ciudad, donde se encuentra el edificio de la Opera.
A mano derecha de esta plaza está el caso antiguo, pero antes de perderme entre las calles del “lo viejo” decidí ir primero a ver el barrio de Antigone. El barrio fue construido en los años 80 bajo el diseño de Ricardo Bofill para unir el casco antiguo con el río. Se trata de una gran avenida con grandes plazas que lleva hasta la “esplanade de l’europe”.

 

 

 

 

Después ya sí, me perdí por las calles llenas de historia de la parte antigua de la ciudad con  iglesias, la catedral y plazas preciosas que se abren entre los callejones y a las que les llega el sol de tarde. Montpellier es una ciudad universitaria, así que en el centro hay mucho ambiente por la tarde y por la noche de gente joven y no tan joven tomando una copa de vino, un café, una cerveza o cenando en alguna de las muchísimas terrazas que encuentras por todas las calles.
Otro punto obligado de visita que te encuentras bajando la “Rue Foch” es un pequeño Arco de Triumfo antes de la “Promenade du Peyrou” que desemboca en un acueducto muy bien conservado

 

 

Finalmente, vale la pena acercarse a la facultad de medicina, que data del 1220 y al parque botánico que hay detrás para darse un paseo entre su vegetación o sentarse a leer en un banco
Niza
Del hotel de Niza no os hablaré porque creo que no merece la pena, así que buscaros uno. No obstante si diré que estaba limpio, era correcto y estaba al lado de la estación, a unos 10/15 minutos del centro neurológico de la ciudad la “Place Massena”. Lo bueno, es que para llegar hasta la plaza tenias que ir directamente por la calle más comercial, donde encontrarás todas las marcas que suelen encontrarse en las grandes ciudades:

 

A mano izquierda de la plaza nos encontramos con la «Promenade de Papillon», que tiene un montón de ambiente de gente paseando, niños jugando en los parques infantiles… A mano derecha el parque de Alberto I nos conduce hasta la famosa «promenade des Anglais», el paseo marítimo que va resiguiendo las aguas azules del mar mediterráneo. Ideal para parejas que pasean cogidas de la mano o para melancólicos que se sientan en un banco a contemplar el mar. En mi caso me senté para hacer la típica foto de postureo, jejeje
Y al otro lado de la plaza está el casco antiguo. No es muy grande, así que si te pierdes por él sin saber muy bien dónde vas, seguro que te toparás con el mercado de flores de “cours Saleya”, la ópera, la catedral, que tiene delante una plaza fantástica para tomar algo al sol, y con demás iglesias y edificios históricos de la ciudad. Así que dedica un par de horitas a pasear por ahí y disfrutar de sus calles. Además está lleno de bares y restaurantes con terracitas que pueden ser una buena opción para comer o cenar.

 

 

Otro lugar para pasear, haciendo un poco de cuesta, es el parque «Coline du Château». En el andarás entre vegetación, eso sí con subidas importantes y disfrutaras de unas vistas excepcionales de la ciudad. Al parque se llega directamente desde el barrio viejo y al otro lado del mismo está el puerto de la ciudad. Así que desde arriba podrás disfrutar de las vistas de ambos lados.

 

Finalmente, os recomiendo acercaros a la «Place Garibaldi» que está entre el puerto y lo viejo y que es una plaza con mucho ambiente con varias terrazas para descansar un poco de tanto pasear.

De Niza si que me gustaría comentaros un par de restaurantes. El primero se llama Le Bocal. No es que tenga nada especial, es un local pequeñito, con un par de mesas altas, una barra y una sala con 4 o 5 mesas al fondo. Pero está al lado de la “Place Massena” y al mediodía tienen cocina interrumpida de 12 a 16 con una carta con varios platos pensados para ser plato único, por lo que por unos 20 euros, dependiendo de lo que bebas, comes muy bien, porque están riquísimos, en un sitio agradable.

 

Del segundo que os quería hablar… ¡me encantó!! Se llama «Côte Lounge» y lo encontraréis en la «Rue de France», también bastante cerca de la «Place Massena». El sitio tiene una terracita que da a la calle, pero que queda como cerrada con arbustos. Mesas súper monas, por dentro precioso, servicio muy atento, piano tocado en directo de fondo y comida excepcional, aparte de buenos vinos, cosa que pasa casi siempre en Francia. Me pareció simplemente espectacular y os recomiendo que si cenáis algún día en Niza os paséis por este restaurante. El sitio además está abierto hasta la una y media para tomarse una copa y tiene un ambiente muy cálido y a la vez muy íntimo que lo convierten en un lugar ideal para una cena de dos.

 

En Niza dormí dos días ya que desde ahí se puede visitar Mónaco o Cannes que están al lado. Al final me decidí por Mónaco, así que Cannes queda para otra ocasión. Pero antes de hablaros de Mónaco dejadme que os hable de la carretera de la costa que lleva de Niza a Mónaco.
Carretera de Niza a Mónaco
Cosas que pasan, cogí el coche le puse a Waze Mónaco y “Jane”, la chica robótica que me da instrucciones cuando conduzco, me empezó a dar mil indicaciones y en una me equivoqué.  Total, que Waze recalculó la ruta y me mando por la carretera de la costa. ¡Gracias! ¡Todo lo que me pasa en la vida siempre acaba en algo mejor! Es una carretera preciosa que va junto al mar, a un lado, y con las montañas que crecen al otro. Vas pasando pueblos preciosos que te dejan boquiabierto y os tengo que confesar que me enamoré. Villefranche-sur-mer. Hay sitios que te hacen sentir que podrías ser de ahí, que podrías vivir ahí. Esto en la vida me ha pasado pocas veces, como el amor, que no llega así como así, pero cuando llega lo hace de verdad. Así, con Villefranch-sur-mer le podría ser infiel a Llafranch o Begur, donde he pasado muchos veranos, o a Ibiza, donde también he intentado ir religiosamente una vez al año durante bastante tiempo. Pues bien, esta localidad costera francesa es uno de estos sitios. El pueblo crece en la montaña partiendo desde una gran bahía con muchos restaurantes junto al mar, con barquitas de pescadores y veleros atracados en el muelle o fondeadas en la bahía, callecitas que se entrecruzan y una preciosa iglesia en una plaza donde jugaban los niños de la localidad. En verano debe estar a tope de gente bien cenando y disfrutando del buen clima y ahí me visualicé yo cuando me paré a pasear por el pueblo y a tomar unos vinos en una de las terracitas junto al mar cuando volvía de Mónaco. Oui! Je suis de Villefrnahce-sur-mer!

 

 

Mónaco
La ciudad en sí no tiene mucho. Casas y apartamentos bastante modernos que crecen alrededor del puerto y las tiendas que quieras para gastarte la pasta, pero merece la pena pasearse un poco y subir al palacio de los príncipes. Si quieres hacer bien el guiri sobre las 11:45 hay el cambio de guardia. Desde la cuesta que sube al palacio y desde el mirador que hay en la explanada que hay delante tienes unas vistas fantásticas de la ciudad y del puerto. Alrededor, la parte antigua de la ciudad formada por varias calles pintorescas llenas de tiendas de suvenires y algún restaurante. También ahí está la catedral y los “Jardins de Saint-Martin” que son un buen lugar para dar un paseo disfrutando de las vistas del mar mediterráneo. Hay también el “musée océanographique” que no visité porque tampoco me llamaba demasiado la atención.

 

 

Para comer escogí un poco al tuntún. Vi una terracita con sol en una calle bonita y me senté a tomar un “côte de provence blanc”, ¡los amo! Cuando empecé a ver pasar comida decidí que era una buena opción para comer y acerté. Como en el que os he comentado de Niza, varias opciones de platos y pizzas pensados para hacer plato único por unos 20 € más bebidas. ¡Exquisito! El sitio se llama “Brasserie du Mystic”, así que si vais por ahí y no os queréis calentar la cabeza, ya sabéis.
Saint Tropez
El pueblo es pequeñito pero muy bonito. Yates de esos de a ver quién la tiene más grande en el puerto y tiendas de las marcas más lujosas del mundo pegadas la una con la otra. El día no acompañaba mucho, así que me di una vuelta, me tomé una cervecita y me fui a investigar la “Plage de Pampelonne”, donde se encuentran los restaurantes y beach clubs más buscados de la zona. Playa bonita de arena en mar abierto y que, si no cae el diluvio universal, y es ya más verano debe estar repleto de hamacas, camas belinesas, mesas en la arena y gente bien gastando pasta en buena comida y bebida. Me sirvió para hacerme la idea, pero no me pareció el día más adecuado para comer a cubierto en un sitio de estos. Estas cosas hay que hacerlas cuando tocan y hacerlas bien. Así que a ver si me escapo algunos días en verano que, a mí, esto de ver y ser visto, de vez en cuando, ya me gusta. ¡Solo a veces eh! Es divertido ver los distintos personajes que se mueven por estos sitios. Pero la verdad es que me llevé la idea de que Saint Tropez es Ibiza pero solo con la parte de glamour y famoseo. En Ibiza tienes esto último, pero también tienes la parte más chungo-fiestera de gente hiper drogo-alcoholizada, y la parte más hippy, o más tranquila, o más tradicional de los pueblos del norte, ¡que me encanta!
Nîmes
La verdad es que no tenía muy claro si ir a Nîmes, a Arles o Avinyon. Al final me decidí por Nîmes porqué me habían hablado muy bien y porque queda más cerca de Barcelona. Pero una muy buena opción de ruta puede ser poner a Nîmes de campo base para visitar los tres sitios y alguna cosa más de la zona. La ciudad destaca por su pasado romano, del que quedan un anfiteatro bastante espectacular (“Les Arènes”), la “Maison Carrée” y “La Tour Magne”, que no visité. El centro histórico es bonito, pero bastante pequeño, así que en un par de horitas ya has callejeado lo suficiente como para haber visto lo más importante. Visita obligada es ir a “Les Arènes” y en el hotel también me recomendaron visitar “Les Jardins de la Fontaine” donde se encuentra “La Tour Magne”, pero al que no fui porque no llegaba a comer a Collioure, donde quería ir a comer sí o sí. Me sorprendió el poco ambiente que había un sábado por la noche para cenar o tomar algo, no sé en qué grado influyó que fuera sábado antes de domingo de pasqua, que estuvieran jugando el Mónaco contra el PSG la final de la “coupe de la ligue” o qué otros factores, porque la verdad es que me habían hablado muy  bien del ambientillo de gente tomando vinos por el centro.

 

 

En este caso sí que os quiero recomendar el hotel, “Hôtel Marquis de la Baume”.  Precioso. Edificio antiguo, con una escalera interior súper bonita que acaba en una terracita con 3 mesas donde tomar algo. El desayuno te lo sirven en la habitación o en el salón, como prefieras, y las habitaciones están perfectamente decoradas y acabadas, con Nespresso incluida, ¡Punto positivo! Además el hotel está en el mismo centro histórico con un parking muy cerca.
A destacar también el restaurante “L’escale de Saveurs”, en el que cené. Lo llevan un matrimonio (o eso parecían), él en la cocina y ella en la sala, y tiene una carta no muy extensa, pero con platos riquísimos de cocina francesa con toques de otros sitios. El vino, un tinto de la misma región, ¡simplemente espectacular!

 

Collioure
En principio tenía pensado ir directamente de Nîmes a Barcelona, pero, hablando de pueblos costeros con una amiga francesa que lleva muchos años viviendo en Barcelona me dijo la siguiente frase: si te gusta Begur, te gustará Collioure. Así, que decidí parar a comer ahí para hacerme una idea. ¡Gracias! ¡Qué pueblo más bonito! Si lo tuviese que comparar, por eso, lo haría con Cadaqués. De hecho, diría que se parecen bastante, uno en blanco, y el otro en tonos beige y con una fortaleza en medio. No es de extrañar porque, en realidad están bastante cerca, solo que con una montaña de por medio. Para los amantes de la literatura os diré, si no lo sabéis ya, que ahí están enterrados Antonio Machado y Patrick O’Brian, quienes vivieron varios años en este precioso pueblo. El pueblo gira en torno a una bahía, así que desde la punta, tienes vistas a todo el pueblo con el mar entremedio, ¡Espectacular! Justo ahí hay varios restaurantes, así que me decidí por uno de ellos, el “La Voile”, y disfruté de la comida ante el mar y con las fabulosas vistas al pueblo. El servicio en el restaurante estuvo muy amable, pero especialmente lento, quizás porque ellos, como  el pueblo, estaban desbordados de catalanes o españoles, aquí que cada uno se califique como quiera, que aprovechaban la semana santa para ir hasta ahí. Y nos es de extrañar, puesto que en dos horas y poco de coche te plantas ahí desde Barcelona sin tener que chuparte ninguna carretera de curvas que se pone hasta las trancas como la de Cadaqués. El verano pasado me chupé 45 minutos de caravana para hacer los últimos 2 kilómetros. ¡A mí acompañante casi le da un síncope! Así que puede ser un buen plan para hacer una salida de un día o pasar un fin de semana. En cuanto a la comida, muy correcta, pero sin que me parezca excesivamente destacable. Eso sí, la terraza y las vistas lo valen todo.

 

 

 

En fin, hoy os he soltado un rollo interminable. Pido mil disculpas y espero que alguien se lo lea hasta el final y le sirva de algo. Si eres de ellos, ¡mil gracias! Si no, gracias igualmente por seguirme, o por leerme de vez en cuando, o por ser un buen amigo o una persona querida o simplemente por formar parte de mi entorno de alguna u otra forma. ¡A mí el viaje me ha encantado! Espero que alguien se anime y me comente.

Video del sur de francia

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